[Officium] Dominica III Post Pentecosten, infra Octavam SSmi Cordis D.N.J.C [Versum 1] V. Hizo un memorial de sus maravillas el misericordioso Señor. R. Y dio un manjar a los que le temen. [Ant 1] Desde Dan a Bersabé, * todos conocieron que Samuel era fiel profeta del Señor. [Oratio] @Tempora/Pent02-5:Oratio 3 [Commemoratio] !Conmemoración de la Octava del Stmo. Corazón de Jesús @Tempora/Pent02-5:Oratio [Lectio1] Del Libro Primero de los Reyes !1 Sam 9:18-21 18 Saúl se acercó a Samuel dentro de la puerta y le dijo: “¿Harías el favor de indicarme dónde está la casa del vidente?” 19 Samuel le contestó: “Soy yo el vidente; sube delante de mí a la altura y comeréis hoy conmigo. Mañana te despediré y te diré cuanto tienes en tu corazón. 20 Por las asnas que hace tres días perdiste, no te inquietes; han sido halladas. ¿De quién va a ser cuanto de precioso hay en Israel? ¿No va a ser tuyo y de toda la casa de tu padre?” 21 Saúl respondió: “¿Pues no soy yo benjaminita? ¿No soy yo de la mínima tribu de Israel, de Benjamín, y no es mi familia la menor de las familias de Benjamín? ¿Por qué me dices esto?” [Lectio2] !1 Sam 9:22-25 22 Samuel, tomando a Saúl y a su mozo, les introdujo en el comedor y les dio el primer lugar, a la cabeza de los invitados, que eran unos treinta hombres. 23 Samuel dijo al cocinero: “Dame la porción que te mandé pusieras aparte.” 24 El cocinero tomo un pernil y lo puso delante de Saúl. “Es la porción que se te reservaba —dijo a éste Samuel. Ponlo delante de ti y come, pues la hice guardar cuando convoqué al pueblo, para el momento oportuno.” Comió Saúl con Samuel aquel día. 25 Bajaron de la altura a la ciudad, prepararon el lecho a Saúl en la terraza y luego se acostó. [Lectio3] !1 Sam 9, 26-27; 10, 1 26 Al día siguiente, a la aurora, llamó Samuel a Saúl, que estaba sobre la terraza, y le dijo: “Levántate y te despediré.” Levantose Saúl y salieron ambos juntos. 27 Cuando hubieron bajado al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: “Dile al mozo que pase delante de nosotros.” Tomó el mozo la delantera, y dijo Samuel: “Detente ahora, que te dé a conocer lo que dice Yahvé.” 1 Tomo Samuel una redoma de óleo, la vertió sobre la cabeza de Saúl y le besó, diciendo: “Yahvé te unge por príncipe de su heredad. Tú reinarás sobre el pueblo de Yahvé y le salvarás de la mano de los enemigos que le rodean.” [Lectio4] !De la Encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI. Descuella y merece especial mención la devota consagración con que nos ofrecemos, con todas nuestras cosas, al Corazón divino de Jesús, reconociéndolas como recibidas del amor eterno de Dios. Pero hay que hacer más todavía; nos referimos al deber de tributar al Sacratísimo Corazón de Jesús aquella satisfacción digna que llaman reparación. Porque si lo primero y principal en la consagración es que al amor del Criador responda el amor de la criatura, síguese espontáneamente otro deber: el de compensar las injurias de cualquier modo inferidas al Amor increado, cuando sea desdeñado con el olvido, o ultrajado con la ofensa. Al cual deber llamamos vulgarmente reparación. [Lectio5] Con más apremiante título de justicia y de amor estamos obligados al deber de reparar y expiar: de justicia, para expiar la ofensa hecha a Dios por nuestras culpas y reintegrar el orden violado; de amor, para padecer con Cristo paciente y “saturado de oprobios” y, según nuestra pobreza, ofrecerle algún consuelo. Porque pecadores como somos todos, cargados de muchas culpas, no hemos de contentarnos con honrar a nuestro Dios con sólo aquel culto con que adoramos con los debidos obsequios a Su Majestad Suprema, o reconocemos orando su absoluto dominio, o alabamos con acciones de gracias su largueza infinita; sino que además es necesario satisfacer a Dios, juez justísimo, “por nuestros innumerables pecados, ofensas y negligencias”. A la consagración, pues, por la cual nos ofrecemos a Dios y somos llamados santos de Dios, con aquella santidad y firmeza que, como enseña el Doctor Angélico, son propias de la consagración, ha de añadirse la expiación con que totalmente se extingan los pecados, no sea que la santidad de la divina justicia rechace nuestra indignidad impudente, y repulse nuestra ofrenda como odiosa, en vez de aceptarla como agradable. [Lectio6] Este deber de expiación incumbe a todo el género humano. Después de la caída miserable de Adán, inficionado de la culpa hereditaria, sujeto a las concupiscencias y misérrimamente depravado, debía haber sido arrojado a la ruina sempiterna. Ciertos soberbios filósofos de nuestros tiempos, siguiendo el antiguo error de Pelagio, lo niegan, blasonando de cierta virtud nativa de la naturaleza humana que por sus propias fuerzas continuamente progresa a cosas cada vez más altas; pero estas invenciones del orgullo las rechaza el Apóstol: “éramos por naturaleza hijos de ira”. Ya desde el principio los hombres en cierto modo reconocieron el deber de aquella común expiación y comenzaron a practicarlo, guiados de cierto natural sentido, aplacando a Dios con sacrificios, aun públicos. [Lectio7] Lección del santo Evangelio según San Lucas !Lc 15:1-10 En aquel tiempo: Solían los publicanos y pecadores acercarse a Jesús para oírle. Y lo que sigue. _ Homilía de San Gregorio, Papa. !Homilía 34 sobre los Evangelios, núm. 2-3. Habéis oído, hermanos míos, en la lectura del Evangelio que los pecadores y los publicanos se acercaban a nuestro Redentor, y que fueron admitidos, no solamente a conversar, sino también a comer con Él. Al ver esto, los fariseos lo comentaron, despectivamente. De donde podemos deducir que la verdadera justicia es compasiva, y la falsa desdeñosa. No quiere decir esto que los justos no se muestren a veces, y con razón, indignados contra los pecadores, sino que no es lo mismo obrar por soberbia que por celo de la disciplina. [Lectio8] Los justos se muestran a veces indignados, sin estarlo realmente; desconfían de los pecadores, sin desesperar; los persiguen, sin dejar de amarlos; el celo por el bien pone reprimendas en sus labios, mas conservan interiormente la dulzura de la caridad; anteponen a sí mismos, en su estimación, a los mismos que reprenden, y juzgan mejores que ellos a aquellos de los que son jueces; a la vez que mantienen a sus súbditos en la disciplina, se conservan ellos mismos humildes. [Lectio9] Los que se enorgullecen so pretexto de una falsa justicia, desprecian a los demás, sin compadecerse de sus debilidades; no se tienen por pecadores, y conviértense en pecadores mucho más odiosos. Así son los fariseos, que, al vituperar al Señor porque acogía a los pecadores, recriminaban, ellos, los secos de corazón, a la fuente misma de la misericordia. Mas como estaban enfermos, hasta el punto de ignorar su mal, el Médico celestial los trata con suaves remedios, les responde con una conmovedora parábola, y oprime dulcemente la entumecida herida de su corazón. &teDeum [Capitulum Laudes] !1 Pe 5:6-7 v. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros. $Deo gratias [Ant 2] Si uno de vosotros * tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Aleluya. [Capitulum Sexta] !1 Pe 5:8-9 v. Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos sufrimientos. $Deo gratias [Capitulum Nona] !1 Pe 5:10-11 v. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén. $Deo gratias [Ant 3] Si una mujer * tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa, y busca con cuidado hasta que la encuentra?